28 DE MARZO

Al despertar se sobresaltó. Volvió de la oscuridad, regresó a la vida. Pero la llegada

Fue brusca, ruda. No hubo ese despertar generoso que suelen tener las personas que duermen sin aparentes preocupaciones. Primero se estremece el cuerpo,
seña de que se conectó el switch interior. Después comienzan a moverse los párpados ...poco a poco... hasta quedar abiertos. Los ojos quedan al descubierto.
Reconocen el lugar y, por la luz y la quietud de la mirada, lo disfrutan. Arriban de su viaje nocturno de una manera placentera. Ninguna parte del cuerpo quiere
moverse, quiere sostenerse así y detener el tiempo en pleno espacio y gozar del despertar de un sueño realmente relajante.

El despertar de aquél no fue de la misma forma. No hubo esa calma en los movimientos que le precede al despertar armonioso; al contrario, hubo prisa, mucha
prisa. Parecía que los ojos huían de allá dentro y que buscaban cualquier puerta para ser libres. Así sus párpados se abrieron. Vio sin comprender. Parecía que
estaba en un lugar predestinado de manera prematura, desconocida para él. Se remitió al pasado para tratar de comprender el presente. Pero sólo recordó
cuando se tiró en algún lugar conocido pero aún no identificado. Haciendo un gran esfuerzo para empujar su recuerdo hacia atrás, logró recuperar un poco más de
terreno. Recordó que llegaron cargados de alegría recolectada en alguna parte y que, haciendo caso omiso de compartir con los demás ese momento en casa, él
se escapó buscando la cama. No recordó qué tiempo hizo de un lado a otro ni qué camino tomó, pero llegó al lugar exacto, custodiado por los sentidos de
dirección y defensa, dirigidos por el subjefe de todos los sentidos: el subconsciente. Eso comenzaba a deducir su adolorida memoria. De pronto vio luz, si, era luz
de día. Aunque el cuarto era oscuro, vio la claridad a través de las rendijas de la celosía que cubría el hueco de las ventanas. No sabía qué hora era pero era de día.
Recordó que cuando cerró los ojos eras de noche. Su memoria comenzó a despejarse razonando: noche y día, oscuridad y claridad, luz y sombra. Su divagación
fue interrumpida por la acción de un sentimiento que desde el fondo emergía y se abría paso de una manera agresiva. Parecía policía de cualquier mundo. Era un
sentimiento maligno, no había duda, pero indescifrable. No era ninguna de los ya conocidos como la codicia, el egoísmo, la envidia, el celo, la ira, el
arrepentimiento, la inseguridad, et. Era algo...tampoco nuevo pero...difícil de describir. Más que un sentimiento, creía que eran varios. Sentía cansancio, vacío,
amargura, culpabilidad, inquietud, ansiedad, angustia, fuerte depresión. Sentía que la presión sanguínea se le subía y se le bajaba al mismo tiempo. Nada le
gustaba. Todo le molestaba. Sí, no había duda, todos los sentimientos terribles se encontraban en pleno festín. Se agasajaban por alguna celebración.


De pronto hubo una gran actividad en su cerebro. Imágenes, pasajes, parte de hechos, colores, ... que comenzaban a acercarse de algún lugar lejano o que
surgían de la nada. Se aproximaban en masa y en desorden. Al menos eso pareció al principio porque al acercarse a la velocidad de la luz como lo hacía, se podía
ver cada vez mejor un movimiento concéntrico y todo lo periférico que volaba, como auténticos satélites, giraban alrededor de él. Comenzó por verse un punto que
rápido se transformó en hoyo negro, amenazándolo con tragárselo al infinito. El círculo del hoyo se hizo tan grande que al pasar sobre él, al tragárselo, cambió la
escena automáticamente. Ahora ya no veía imágenes, pasajes, parte de hechos, colores y otras cosas como antes. Ahora veía líneas, festival de líneas que se
buscaban y al encontrarse se juntaban, se fusionaban, y de esta unidad de tantas líneas surgían otras nuevas. De en medio de este cruce y transformación de
líneas en otras líneas, apareció una letra. Al reconocerla, quiso acompañar el alumbramiento con la fuerza de su voz, pero no pudo pronunciarla. Se olvidó de ella
porque su visión continuaba produciendo líneas. Vio una C que parecía parpadearle con su luz intermitente, no porque tuviera luz propia, sino por la debilidad de la
visión que luchaba por sostenerse. Ahora veía una P que al clarificarse se transformó en R.; finalmente leyó en silencio su nombre porque al tratar de pronunciarla,
de su garganta salieron sonidos guturales indefinidos, deformes, que más parecían lamentos que voces fonéticamente articuladas. Su visor seguía activado. Ante
su monitor cerebral apareció una O, pero ovalada. Esta O apareció por interferencia, no era la que su cerebro producía. Esta salió del interior de su cuerpo como
resultado de un dolor físico. La interferencia se realizó por la fuerza del dolor y por esta misma razón se colocó junto a las otras dos letras. Ahora veía tres; C-R-O,
pero no significaban para él nada interesante. Su cerebro produjo la siguiente letra que se le encimó a la intrusa. En la medida en que el dolor disminuía, la letra
intrusa se opacaba, mientras la nueva se encendía. Aquí ya ni esfuerzo hizo para pronunciarla, prefirió ver que letra aparecía y dejar el esfuerzo de pronunciarla para
otra fecha. Por el poder de la nueva letra, desapareció la O. Ahora veía una U. En el momento preciso en que su cerebro la pronunció, todas o casi todas sus
fuerzas se pusieron en movimiento. Todo se hizo más veloz. Parecía que todos los elementos se aprestaban a tomar sus puestos, como soldados que deben
ocupar sus trincheras, después de escuchar la alarma o la voz imperativa de su comandante. Cuando colocó la U junto a la otras letras, el fondo de su ser se
estremeció y se liberó una fuerza que no sólo junto las letras que ya tenía, sino agregó las letras que faltaban. En ese rápido proceso en que las letras se
colocaban, lo comprendió todo y de su garganta maltratada surgió la explicación adolorida: ¡¡ LA CRUDA ¡!

Salud y saludos

P.G.V.L.
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Español Cultura y Arte